El viernes 27 de mayo se proyectó en la sala Ástor Piazzolla del Teatro Auditorium el documental "Ernesto Sabato, mi padre", de Mario Sabato. Coincidentemente con el día del documentalista, se juntaron alimentos no perecederos y libros a modo de entrada simbólica. Los escasos concurrentes disfrutaron durante 120 minutos de un trabajo prolijo y de una profundidad conmovedora, acerca de uno de los escritores argentinos más destacados de todos los tiempos.
Quién mejor que su hijo para vencer el hermetismo característico de Sabato, bucear en sus recuerdos e impresiones y mostrar algunas de sus muchas caras. Quizá por esa relación tan íntima que los ha unido, o porque el material incluido fue filmado en distintas épocas de su vida, lo cierto es que Sabato hijo expone en lúcidas reflexiones la genialidad del padre. Sus confesiones parecen haber sido previamente racionalizadas y puestas por escrito, y luego proferidas con la oratoria perfecta y eminentemente existencial que lo caracterizaba. Ernesto Sabato repasa para nosotros cada recoveco de su vida, desde su infancia en Rojas, sus estudios en La Plata, sus manías a la hora de escribir, su amor a Matilde, su talento para pintar, la relación con sus nietos, sus impresiones sobre la muerte. La participación activa de Mario aporta aún más detalles sobre un Ernesto Sabato que, gracias a este documental, se vuelve más humano y asequible. Extensos pasajes dedicados a rememorar minucias sobre la composición de su obra más famosa, Héroes y tumbas, o sobre los años pasados junto a su gran amor.
Cuando todavía no se ha cumplido un mes de la desaparición física del gran Sabato, y a unos días de recordar su centenario de nacimiento, este homenaje es ante todo un repaso y una confesión que lo hacen aún más digno de admiración y respeto.
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